Freitag, 28. August 2015

Mon Chéri


Tengo un gancho con la gente mayor en Alemania, una llegada especial que hace que en poco tiempo, aunque soy una desconocida y extranjera, me terminen contando sus vidas. Yo los escucho atenta, sobre todo a las mujeres. Pienso si llegaron tan lejos, seguramente tienen algo para enseñarnos.

Un ejemplo, recién una mujer de unos noventa años en el supermercado, me contó mientras esperábamos en la fila que estaba engripada, pero que otra no le quedaba que salir a comprar. Me mostré interesa y se acercó para explicarme que su marido está más enfermo que ella. Leucemia tiene, me dijo susurrando a modo de secreto. Pero que él —me aclaró—conserva el buen humor, está siempre contento, nunca triste. Hace chistes. Y yo estoy feliz de que aún esté con vida, me confesó. Y además, me dijo que él todavía le cocina. Por eso, es que ella hoy le lleva flores de regalo y preguntó a la cajera por unos bombones que no había encontrado en los estantes: Mon Chéri. No hay caso, el amor es simple, no le demos vueltas.

Donnerstag, 9. Juli 2015

Luisa


 
En memoria de Luisa Cechini, Madre de Plaza de Mayo


Por María Ester Alonso Morales

A mediados de 1985 llegamos desde Santiago del Estero con mi madre y mi hermana melliza a la ciudad de La Plata. Anduvimos por distintas casas, por lugares prestados hasta que recalamos en una pensión en la calle 51 esquina 4. La pensión estaba arriba de una farmacia, un edificio antiguo, se entraba por una puerta pesada sobre la calle 51. Al costado de la farmacia, por una larga y empinada escalera, se llegaba al primer piso, a un pasillo y a un patio central donde convergían las puertas de las habitaciones. Nosotras tres compartíamos una pieza con techos altos— por donde cuando llovía caía más agua adentro que afuera— y un balcón antiguo con macetas que daba a la calle cuatro.

La pensión era solo para mujeres. De población variopinta, la convivencia se sostenía con paciencia. Había señoritas que estudiaban de día, otras que trabajaban de noche o en la noche. También dos mujeres mayores que vivían solas, entre ellas estaba Luisa. Ella vivía en una pieza chica amoblada con una cama, un armario para la ropa, una mesa y silla, una alacena y su máquina de coser Singer. En la pared decoraban un calendario de la farmacia y las fotos enmarcadas en blanco y negro de sus hijos Chilo y Neco Zaragoza. Las fotos de sus hijos mirando tan serios me impactaron desde un primer momento, tenían un brillo especial en la mirada, un fulgor, parecía que estaban vivos. Aunque Luisa tenía fama de malas pulgas, yo que siempre fui rara —digamos un perro verde— no tardé en hacer buenas migas con ella. Y no sé bien como fue, pero de pronto al volver de la escuela secundaria, me pasaba las tardes en su pieza. Ella me iba contando historias mientras cosía, la de sus hijos y sus compañeros del Partido Comunista, la de su vida de antes en Concepción del Uruguay, la historia del Che Guevara.

Luisa tenía muchos libros y me los iba prestando. Tenía, por ejemplo, la colección del Centro Editor de América Latina y la colección que iba sacando el Página/ 12. Leí por primera vez Las venas abiertas de su mano y también mucha poesía: Lorca, Miguel Hernández, Machado, Roque Dalton. También, me prestaba casetes de música y fui conociendo a Viglietti, a Zitarroza entre otros. Eso sí, había una condición, cada vez que le devolvía un libro para prestarme otro, Luisa me pedía que le comentara algo de mi lectura. Alma de maestra tenía ella.

Una vez a la semana — cada miércoles— Luisa se arreglaba, salía a la calle con su bastón y su cartera. Cuando la veía pasar por el pasillo rumbo a la escalera,  yo le preguntaba: ¿A dónde va doña Luisa? -  a la Plaza m´hita. Entonces, yo dejaba todo y la acompañaba hasta la Plaza San Martín. Al llegar allí Luisa sacaba de la cartera su pañuelo y se lo ponía en la cabeza. Creo que en esos momentos ella estaba más erguida, más vital, más grande todavía. En la plaza se encontraba con las madres, se saludaban con un beso y comenzaban su ronda. En la plaza también la esperaban ansiosos los jóvenes del partido, la abrazaban. Marchábamos todos juntos y al final regresábamos a la pensión. Recuerdo especialmente a uno que le decíamos Yoma, que siempre pasaba por la pensión a ver a Luisa, le ayudaba con los mandados, le llevaba las bolsas y se las subía hasta la pieza.

Es interesante como una va construyéndose una familia postiza en la vida. Luisa me arreglaba la ropa que me regalaban para que quedara más “moderna”, me daba consejos sobre lo que “usan las chicas” y también sobre los chicos, me decía “cuidado m´hijita, que no te confundan con cualquier chirucita, que te tomen en serio y te respeten”, esa era Luisa textual. Me insistía hasta el hartazgo con que tenía que ir la Universidad, tenía que estudiar para ser alguien en la vida, como sus hijos que habían sido excelentes estudiantes.

Así se pasaba el tiempo en la pensión, siestas largas, días tranquilos. Me mudé en el año 1994 y Luisa quedó allí. Antes de irme me regaló la colección de libros, esos que me había dado a cuentas gotas “para la biblioteca de tu nueva casa”, me dijo. No me daba cuenta en ese momento pero era una especie de despedida.

Supe años después que cuando ya no le daban más las rodillas para subir la escalera y no tenía más ojos para la costura, Luisa dejó la pensión y regresó definitivamente a su querido Entre Ríos. Ella me mandó desde allí una postal que todavía conservo con la foto del río. Poco tiempo después en 2002 me enteré que había fallecido el 9 de junio, en el mismo día del aniversario del secuestro de su hijo Néstor. Las vueltas de la vida. Luisa vino por un tiempo en 1975 a la ciudad y se quedó toda una vida buscando justicia. Lamentablemente no pudo ver que años después, muy cerca de la pensión donde vivíamos, a una cuadra exactamente en el edificio de la Ex –AMIA, se juzgaría a los responsables de genocidio en La Plata y sus alrededores.

En mí último viaje al país pasé por la pensión y vi el cartel que está en venta este edificio. Seguramente lo van a demoler y construir una espantosa torre de departamentos en la esquina. Ojalá que no, porque se perdería además de un fragmento de mi vida una parte de la historia de Luisa, sus hijos y nuestra Argentina.



Sonntag, 28. Juni 2015

Qué es Heimat?

También les comparto el texto de Marina Vinitsky, Licenciada en Psicología de la UBA(Universidad Nacional de Buenos Aires) en la presentación de mi libro "Entre dos Orillas - Zwischen zwei Ufern" en Buenos Aires el pasado 4 de junio del 2015.

Con Marina en el H. Conti Foto: Luciano Zupa
Una parte importante de la poesía de María Ester, trata del “ser inmigrante”, de habitar diferentes espacios: el espacio físico y el del alma, que no siempre coinciden. Pero además el alma vaga por espacios actuales y pasados, incluso por espacios que existieron antes de que ella pudiera nacer.

Así mientras leía iban pasando postales: la presencia de un padre que no pudo conocer y al que asesinaron en “El padre que no viví”. Ella naciendo junto a su hermana melliza durante la detención ilegal de su madre. El puerto de Hamburgo “la orilla desde la que escribo”; todos los puentes del Puerto de Buenos Aires “la orilla desde donde vengo”. La ciudad de La Plata y sus inundaciones. Su madre, que sobrevivió “fuerte como un quebracho colorado”. Las madres y las abuelas de plaza de mayo, que se hicieron gigantes para que sus nietos las vean. El destino, la muerte, las despedidas. La nostalgia, las nuevas vidas, sus hijos.

A María Ester no la conocía, sus poemas me contaron sobre ella. Pero también en ellos visité nuestra historia: la historia oscura, silenciada y dolorosa de Argentina. La historia de “En el país de no me acuerdo” y “del mundo del revés”. Un texto de pies y otro de cabeza. Cada lector elige cómo empezar a leerlo. 

En alemán existe la palabra “Heimat” que es el lugar donde uno creció, de donde uno viene. Es un lugar geográfico, pero es más que eso. No hay una traducción literal en el español. Porque se relaciona con un espacio físico, pero también interno que nos da paz y seguridad. Esa es otra temática que aparece en los poemas ¿es posible sentirse en casa en una cultura extranjera/ extraña?


Los HIJOS y la poesía

Les comparto las reflexiones de Margarita Merbilhaá, compañera y docente de Letras en la UNLP (Universidad Nacional de La Plata) en la presentación de mi libro "Entre dos Orillas - Zwischen zwei Ufern" en La Plata el pasado 30 de mayo del 2015.


Margarita Marbilhaá    Foto: Guillermo Gonzalez

Hace poco más de un año, descubrí el blog de María Ester “El milagro en Hamburgo”, con algunos de sus poemas: Al leerse, sentía que la palabra aparecía para llenar el vacío de la distancia con recuerdos, sentires, ausencias, definitivas y no definitivas. Mundos por momentos vividos como cosas imposibles de acercar, de poner juntos (“conectar”). Pero, acaso alguna vez lo son? Esa distancia no es propiamente nuestro modo de estar/sin estar en el mundo?

María Ester dice “pretendo conectar”: pretensiones de … acercar las estaciones (“Parece que el otoño y la primavera se parecen”), de poner juntas las vivencias de una estación, las de su amiga Inés, en La Plata, la suya, en Hamburgo.

O también, el espacio de la poesía le permite conectar, acercar vidas que nunca se tocarán: las abuelas/el vecino turco que fuma en su balcón.
¿Acaso así logra lo imposible de hacer que algo siga, pueda ser igual mientras ella está lejos (otoño y primavera, no importa adónde se esté). La de María Ester es, sin embargo, una nostalgia elegida.
Así, desde lo lejos, pareció nacer el deseo de escribir, de poesía. Los poemas parecen haber sido escritos en un lapso relativamente corto de tiempo. En ese sentido, son contemporáneos de su nuevo presente: el del destierro.  La poesía surge en medio de esa nueva vida: esa vida elegida en Alemania, y la disposición a escribir poesía, parecen así otros modo de probarse hasta qué punto la vida siguió después de tantos años de búsqueda, angustia de la ausencia de los seres queridos: algo que los hijos necesitamos decirnos: estamos en nuestros padres, pero las vías que toman nuestras vidas, nuestra posibilidad de vivir son pequeñas victorias después de la tragedia. Es poder decir: acá estamos, acá estamos vivos.
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Mittwoch, 17. Juni 2015

Conferencia en Berlín


Justicia, Poesía e Identidad

Junto con Prof. Dr. Raúl Zaffaroni (ex juez Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina) los abogados y poetas Guido Leonardo Croxatto (Viena) y María Ester Alonso Morales (Hamburgo)

 
Martes, 30.6. 2015 a las 19.00 Uhr
Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kulturbesitz
Potsdamer Str. 37- Berlin
Sala Simón-Bolívar
Idioma: Español